Trabajo Etnográfico Festival Iberoamericano de Teatro
“Comienza el Teatro”.
Este es el lema escogido para la XVI edición del Festival Iberoamericano de
Teatro de Bogotá (FITB), el cual, como es costumbre, se realiza cada dos años
en la capital de Colombia desde 1988.
Antes de contar cómo
viví el festival de este año, quisiera contextualizar un poco al respecto.
El FITB fue organizado
por primera vez por dos artistas colombianos de gran prestigio en el mundo de
las artes escénicas como lo son Fanny Mikey y Ramiro Osorio para conmemorar los
450 años de la fundación de Bogotá. El lema que impulsó este evento fue “Un
acto de fe en Colombia”, el cual lo puso en la mira de toda Latinoamérica y,
próximamente, del mundo.
El telón se abre y más
de 40 obras teatrales, de más de 15 países, están listas para ser contempladas
en los diferentes espacios asignados para ellas, siendo estos Teatro de Sala o
Teatro Callejero. Algunos de los lugares más reconocidos para dicho evento son
la Plaza de Toros, el Jorge Eliecer Gaitán, el Cafam de Bellas Artes, La
Castellana, el Julio Mario Santo Domingo, entre otros; sumando en total más de
24 espacios de cultura, diversidad, arte y talento de colombianos y extranjeros
que dedican su vida a esta profesión que además de entretener, apoya e impulsa
el enriquecimiento cultural de un país.
En cada edición del festival se trae a un país
diferente para que sea el invitado de honor; países como Alemania, Rusia,
México y Brasil han hecho parte de este evento. Este año, se contó con la
participación de Argentina, la cual ha traído obras de diversas índoles y
formatos, entre estas se encuentran puestas en escena circenses, teatro
infantil, obras dramáticas, cuenteros y demás.
El festival tuvo una
duración de quince días, partiendo del 16 de marzo hasta el 1 de abril del
presente año. Esta fue la programación que se manejó.
Ahora sí, hablando
específicamente de mi experiencia en el festival, debo decir que mi plan de
Semana Santa fue ir a ver Teatro Callejero. Esto por dos razones; la primera,
por economía, porque las obras que se presentaban en sala superaban, en su
mayoría, los 50 mil pesos, siendo este el precio más barato y en consecuencia,
correspondían a las ubicaciones menos favorecidas. Y segundo, porque el
objetivo de ese trabajo no se centra en mi entretenimiento sino en analizar un
fenómeno social del que pueda tener muchas herramientas de donde agarrarme y
pueda observar el comportamiento de las personas tal y como es, con esto me
refiero a que el Teatro de Sala implícitamente te obliga a llevar una etiqueta
que te restringe de ser tú, te impone unas normas y te exige mantenerte como un
espectador cien por ciento pasivo donde la comunicación es unidireccional. Por
otra parte, el Teatro Callejero, que puede llegar a tener ciertas
características en común con el de sala, es más flexible; la interacción con el
público es más directa y permite que su participación sea activa para con el
show.
Era domingo 25 de
marzo y había quedado ir con unos amigos de la universidad a la Plaza de la
Independencia; la verdad es que nunca antes había ido allí y no tenía ni idea
de cómo llegar. Una compañera que ya había llegado a eso de las 2 y 30 de la
tarde me envió su ubicación por WhatsApp y pude notar que ese lugar quedaba
justo al lado de la Plaza de Toros y atrás del Planetario; por lo tanto, si lo
conocía. Es decir, nunca había estado ahí pero si lo había visto antes cuando
pasaba en bus. Más adelante descubriría que el lugar de presentación de las
obras realmente se llama “El Tablón de los Juglares”.
Recuerdo que mientras
subía la pequeña loma que caracteriza la séptima hacia arriba, pensé que no
recordaba haber estado en el Planetario antes; se supone que es un lugar al que
por cultura general todos los que viven en Bogotá deberían visitar por lo menos
una vez en su vida, así sea por una salida institucional del colegio, pero en
mi caso no es así. Supongo que ya está anotado en la lista de planes por hacer
aquí en la ciudad.
El lugar era muy
diferente a lo que esperaba, realmente pensé que sería en un parque al que le
habían puesto una tarima pequeña y la gente solo se sentaba alrededor, pero la verdad
es que el espacio era grande y su estructura se asemejaba muchísimo al de los
antiguos teatros griegos: las gradas eran de ladrillo y en forma de media luna,
al frente estaba el escenario, a ras del suelo, así que uno como espectador
veía a los actores desde arriba; atrás de los actores estaba toda una pared con
grafitis realmente buenos los cuales reflejaban la diversidad de cultura con la
que se puede asociar ese lugar. A continuación les dejo una imagen del Tablón
de los Juglares (izquierda), junto a un antiguo Teatro Griego (derecha) para
que puedan hacer el símil entre estos dos espacios.
Cuando llegamos junto con mis amigos nos sorprendimos por la cantidad de gente que había, parecía un mar de gente inundando cada rincón del Tablón; no bastó con las gradas porque la parte del pasto que hay más arriba también estaba llena.
Ya eran las 3 pasadas, ubicamos a mi amiga
quien nos estaba guardando los puestos y nos dispusimos a prestarle atención al
cuentero Juan Carlos Grisales y a su cuento titulado “El Evangelio según Juan
Carlos” que en ese momento se estaba presentando; por desgracia, ya estaba
relativamente avanzado en su historia entonces no pasó mucho tiempo antes de
que me desconectara de su relato. Aproveché ese instante para sacar mi cuaderno
y mi lapicero y le pedí a mi amiga que me prestara la programación para echarle
un vistazo general a las próximas obras que allí se presentarían; fue así como
descubrí el nombre de aquel lugar.
“El Tablón de los
Juglares” Que nombre tan particular. Recuerdo que en el colegio en la clase de
Español nos mencionaron alguna vez algo de los Juglares, que si no estoy mal
eran esas personas de clase media-baja pertenecientes a la Edad Media que iban
de pueblo en pueblo realizando todo tipo de actividades en plazas públicas para
entretener y ganar algo de dinero. Por lo tanto, el término Juglar resume en
gran medida aquello que es mostrado en ese espacio.
Dentro del público había gran variedad social;
había familias numerosas, parejas, grupos de trabajo, combo de amigos; perros,
gatos, niños, adolescentes, adultos mayores; skaters, punkeros, metaleros;
entre otros. Eran varias las personas que andaban en cicla y paraban un momento
para integrarse a la masa de gente que observaba el espectáculo. También había
demasiados comerciantes quienes aprovechaban para vender todo tipo de cosas,
desde comida como algodón de azúcar, cheetos y gaseosa, hasta accesorios como
botones, llaveros o collares. Hubo un par de personas que me llamaron la
atención debido a su pinta, no sabría decir exactamente de dónde, pero por el
turbante y el enterizo colorido que llevaban podría deducir que tenían cierta
influencia Hindú o al menos Oriental; este par también era comerciante y vendían
unas extrañas hamburguesas hawainas que no tuve la posibilidad de pedir.
Y mientras escribía
esa idea en el cuaderno, me quejaba del calor tan abrumador que hacía; de todos
los comerciantes yo creo que el heladero fue el que más ganó. Un nuevo pensamiento
surgió en mi cabeza… ¿Qué pasaría si lloviera? Es decir, estamos al aire libre
en pleno parque. ¿Habría Plan B? ¿Seguirían la función sin importar la lluvia o
la cancelarían? Es una pregunta que después pude resolver.
El grupo de Danza Kapital se presentó en sus
dos modalidades (Folclórico y Urbano) con el grupo juvenil e infantil de la
academia. Recuerdo que el director dijo una frase al finalizar dicha
presentación que me gustó mucho, “Hacemos esto respondiendo a los intereses de
los niños y de los jóvenes”, los niños no son solo estudio y escuela como
muchos piensan, es necesario fortalecer el ámbito creativo y de la imaginación,
y esto solo se logra permitiendo que ellos se expresen desde cualquiera de las
artes. Espero que Caracol Televisión, el cual había llegado minutos antes, haya
alcanzado a grabar esa parte y lo haya podido transmitir en la edición central
de noticias.
Era el turno de Tomás
Latino, un mimo argentino, el cual fue presentado al público como “El primer
hombre en llegar a Colombia con la Pantomima”. La verdad es que el dato fue
demasiado curioso y sorprendente, pero siendo muy sincero no creo que sea
cierto. ¿Por qué? No sé, sencillamente se me hace un poco irreal, el señor
ronda aproximadamente entre los 50 y 60 años de edad, y si suponemos que llegó
a Colombia con apenas 20 años, eso quiere decir que hace 30 o 40 años nunca
ningún extranjero había llegado a este país para hacer un acto de pantomima; lo
cual me parece un poco extraño teniendo en cuenta que esta técnica es
relativamente antigua y ha venido evolucionando con el tiempo. Aun así, si lo
anunciaron de esa manera debía ser por algo.
Creo que muchas
personas del público salieron un poco desilusionadas con el número del mimo;
tal vez relacionaron la idea del primer mimo extranjero en Colombia con la del
mejor mimo. De hecho, yo también hice esa relación, pero ahora que lo pienso no
tiene mucho que ver uno del otro. Supongo que la forma en la que fue presentado
elevó las expectativas de la audiencia, pero muchos nos quedamos con el sin
sabor de haber visto simplemente a un hombre poniéndose diferentes prendas y
realizando diferentes personajes los cuales iban conectados por un hilo
argumental que otra persona en voz en off proclamaba.
stand-up comedy con un poco de acrobacia. Me divirtió tanto que por un momento olvidé tomar notas y ahora me arrepiento porque no tengo escrito mucho sobre él y mi memoria me falla, pero lo que si recuerdo (porque además le tomé foto) es un ejercicio que realizó con un globo gigante, se cubrió la cabeza con él hasta por encima de la boca y empezó inflarlo con la nariz; en un punto su cabeza desapareció y a cambio, había un globo morado demasiado grande que rebotaba de un lado a otro. Por un momento pensé “Es Balloonman”. A continuación, se montó en un monociclo, como de 3 metros de altura, con ayuda de dos personas del público y realizó malabares con antorchas encendidas. Sin duda alguna, este había sido el mejor acto del día. Al finalizar, pude ver a muchas personas, niños sobre todo, dirigirse a él y pedirle que se tomaran una foto, otros cuantos solo querían un abrazo y otros le pidieron el contacto. Me pareció curioso todo aquello que sucedió después de su acto, es decir, logró empatizar con el púbico de una manera que aun sin conocerlo y siendo un completo extraño para muchos, se sentían en la necesidad de acercársele y darle un abrazo como si fuera un amigo o un familiar que no ven desde hace mucho tiempo. Supongo que es la misma sensación que uno siente cuando ve a un famoso de la televisión caminando por la calle y uno tiene el impulso de ir a hablarle bien sea para compartir ese momentico de fama de manera íntima o porque uno lo ha visto tanto en la tele haciendo diversos personajes que uno cree conocerlo.
El último acto del día
le correspondía a una obra de teatro llamada “La marquesa fingida y el amor
verdadero” perteneciente al grupo La Bodega Teatro, esta obra era una comedia
que reunía varías características de la Comedia del Arte, como por ejemplo los
personajes caricaturescos y diferenciados unos de los otros, los vestuarios extravagantes
y el constante uso de acciones más que de palabra. Por desgracia, el show no
fue bien recibido, pues la gente se empezó a ir; después de 10 minutos nosotros
también nos fuimos. Hablando con mis compañeros, decíamos que el Chico Ardilla
había dejado el nivel de la función demasiado alta, tenía buen ritmo y era muy
entretenida; pero ese nivel bajó en picada de un show a otro. Y creo que eso se
debe principalmente a que el show del Chico Ardilla no te obligaba a pensar,
solo debías deleitar tu vista con las maromas que él hacía; en cambio, esta
obra de teatro requería de toda la atención del público para leer las imágenes,
entender lo que decían y conectar todo eso con la historia; y la gente ya no
estaba en ese estado, ya estaba relativamente tarde y había sido un largo día
con un sol que quemaba. Por lo tanto, creo que los organizadores debieron
ubicar este tipo de obras de primero y dejar el circo y la danza de últimas.
El 27 de marzo se conmemora el Día Internacional del Teatro y qué mejor forma de celebrarlo que ir a ver teatro. Volví al Tablón de los Juglares pero esta vez fui con Mario Olivares, mi compañero de etnografía; supuse que por ser martes estaría más vacío a comparación del domingo y efectivamente así fue. A pesar de eso, los comerciantes seguían siendo exactamente los mismos, nuevamente el heladero, el del algodón de azúcar y el de los botones. Parece que ese era su sitio predilecto para vender.
Lo bueno de esta vez
es que me pude hacer en una mejor ubicación: abajo, de frente y en el centro.
Así podía tomar mejores fotografías.
Llegamos a eso de las 2:45 pm y se estaba
presentando un circo vietnamita el cual estaba conformado por cuatro
integrantes (dos hombres y dos mujeres) más el director. El primer momento fue
una de las chicas apoyada sobre la espalda en una de las sillas de tal manera
que brazos y piernas quedaban en el aire, luego, haciendo uso de lo que
parecían ser cuatro telas amarillas las hacía girar en el aire usando cada una
de sus extremidades. Era el turno de uno de los chicos, quien hacía piruetas
usando una escalera, la ponía de pie y con un constante balanceo de un lado a
otro conseguía el equilibrio, entonces la subía por un lado y la bajaba por el
otro, se sentaba en el punto más alto o incluso se ponía de pie cual zancos. La
otra chica hizo un baile con aros, primero lo hizo con uno, lanzándolo y manipulándolo
con todo su cuerpo; después lo hizo con cuatro, cada uno en una extremidad,
parecido al de la primera chica; y finalmente, le pasaron muchos, imposible de
contar desde mi perspectiva, pero haciendo un aproximado yo diría que más de
treinta, bailó con ellos haciéndolos girar alrededor de su cintura y luego se
fueron extendiendo por todo su cuerpo cubriéndola desde la cabeza hasta los
pies, además, su vestido tenía unos adornos que también se movían, era un traje
parecido al de las bailarinas de Salsa. Realmente se veía muy bonito.Por último, el acto que más emociones me hizo sentir; recuerdo que ya lo había visto antes pero no con tanta cercanía como la de aquel día; su número consistía en mantener el equilibro en una tabla donde apenas tenía espacio para los pies, la cual a su vez estaba sostenida por un rodillo que se desplazaba de lado a lado, y este también estaba ubicado sobre una mesa redonda de por lo menos un metro de diámetro; y ese era solo el primer nivel; después puso sobre la tabla otras cuatro bases del mismo tamaño, ganando gran altura; y el último y más difícil era mantener el equilibrio en su tabla inicial pero esta vez la base eran dos rollos ubicados perpendicularmente uno del otro. La presión que se sentía era impresionante, absolutamente todos estaban pendientes pero a la vez tensionados por aquel momento. Muchos estaban grabando con sus celulares, incluyéndonos. Con Mario llegamos a pensar lo más temible y que nosotros estaríamos ahí grabándolo. Podíamos ver al acróbata respirando fuerte, tratando de calmar los nervios. Estaba preparado pero un momento de duda lo invadió y se separó de la mesa, en ese momento el coordinador habló por el micrófono y pidió una euforia para darle toda la energía a ese hombre. Por experiencia sé que no hay nada más gratificante para un artista que recibir el apoyo del público por medio de aplausos. Todos aplaudimos fuertemente y se escucharon gritos y chiflidos por todas partes. Él se acercó nuevamente a la mesa y de un impulso saltó a la tabla, llegué a pensar que el impulso fue demasiado brusco y que se resbalaría y caería pero por fortuna lo pudo controlar. Muchos se pararon y empezaron a aplaudir, lo peor había pasado, una de las chicas le pasó unas bolas y él realizó malabares estando allá arriba. Finalmente se bajó, llamó a sus compañeros y a su director, todos hicieron la venia y una nueva de ola de gritos sacudió el parque.
Una gota de agua había caído en mi cuaderno, miré el cielo y noté que estaba nublado y gris, era muy probable que lloviera.
Una banda afro descendiente se ubicó en la tarima, les alcanzaron los micrófonos y empezaron a tocar lo que parecía ser música Folk; tocaron una reconocida llama “Kilele” del Grupo Bahía y otras cuantas de ellos. Yo casi no las conocía así que no pude disfrutarlas mucho, pero había varias personas que se movían al compás de la música, me acuerdo sobre todo de una señora que se paró a bailar y hacía siempre el mismo paso exhibiendo el pañuelo que tenía en la mano, pero se le veía super alegre y eso es lo importante.
Desgraciadamente, la lluvia se volvió más intensa y yo no tenía sombrilla, entonces me vi obligado a partir, pero antes de salir, me volteé a mirar y supe que sin importar las circunstancias, la programación se mantenía tal y como estaba planeado. Algunos se fueron pero otros sencillamente sacaron sus paraguas y siguieron viendo. Eso respondió a la pregunta que me había hecho anteriormente de qué pasaría si lloviera. La verdad es que me alegró que no hubiesen cancelado pues tal y como dicen los teatreros “La función debe continuar”.
Hoy es primero de
abril y hoy se acaba este hermoso festival. Tengo pensado ir al cierre que se
realizará en el lago del Simón Bolívar a las 7 de la noche, es un Show en agua,
sin duda debe ser muy bonito, así que lo más probable es que me pegue el viaje
para allá. Por desgracia debo entregar esta bitácora hoy así que si voy solo
pondré un apartado resumiendo que tal fue todo, y si no, pues aquí termina mi
experiencia en el Festival Iberoamericano de Teatro XVI edición. La enseñanza
que me dejó este espacio es ver cómo el arte se convierte en un medio de
integración cultural donde desde el niño más joven hasta el adulto más viejo se
reúnen para presenciar un arte tan vivo y puro como es el escénico. Gracias
FITB.











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