Bitácora Segunda Clase
SEGUNDA CLASE,
CREANDO MI PROPIO BLOG
Otra vez iba retrasado 10 minutos. Venía a paso firme cuando
cruzaba el puente gris mientras observaba mi reloj y pensaba en lo largo que es
el trayecto desde la estación del tren hasta el edificio L; ya había realizado
la cuenta antes: 20 minutos caminando a velocidad media y 12 minutos acelerando
la marcha. Una vez dentro del edificio y mientras subía las escaleras en camino
al salón, me topé con varias personas del grupo que venían en dirección
contraria, se me hizo un poco extraño, les hice espacio para que pasaran y
esperé a encontrar alguna cara familiar para preguntarle al respecto. Santiago,
un compañero de la carrera, me dijo que estaban yendo por un computador. Al
instante recordé lo que el profesor había dicho “Todas las clases vamos a usar
computador”. Por suerte yo siempre llevo el mío a la mano así que no me
preocupé y seguí caminando.
Entré al salón y vi que estaba relativamente vacío, la mayoría
de las personas habían salido para reclamar el portátil, tan solo unos cuantos
usaban el propio. Tal y como imaginaba, el profesor ya estaba sentado en su
lugar esperando la llegada de todos para iniciar con la clase (esta vez sí me
fijé cómo iba vestido, lo anoté en el computador para que no se me olvidara y así
poder ponerlo en esta bitácora: llevaba un bléiser negro, camisa roja y jean
oscuro). Fueron entrando de uno en uno y cuando ya todos estuvieron sentados,
el maestro se levantó y empezó a hablar.
La semana pasada nos había mencionado que todas las clases
se iniciarían con la lectura de la bitácora correspondiente a la semana
anterior, esto con el fin de recordar lo trabajado en esa sesión y además, de
analizar el nivel de escritura de los compañeros. A pesar de que nos había dicho
que la bitácora a leer sería escogida al azar, nos dio la posibilidad de
ofrecernos a voluntad; pero ya que nadie alzó la mano, recurrió a la
primera opción. Creo que todos estábamos a la expectativa de saber quién sería
la primera persona en ser leída. ¿Sería yo? No podía dejar de pensar en que
posiblemente el profesor dijera mi nombre y me tocara compartirles mi escrito a
todos allí presentes. Y no lo digo porque no confiara en mi trabajo o porque
tuviese pena de ser leído, solo que a veces nos da miedo ser los primeros, nos
da miedo lo desconocido y al no saber qué pasará después.
Sofía Robles, ese fue el nombre mencionado por el profesor
luego de que abriera su correo y buscara entre los últimos emails enviados. Cuando
preguntó por ella recuerdo haber sentido un alivio en mí, volteé la cabeza y vi
a la chica en la fila de al fondo. El profesor nos reenvió su escrito para que
todos tuviéramos acceso a él y pudiéramos seguir la lectura. Mientras se hacía
la actividad yo repasaba mentalmente mi escrito y lo iba comparando con el de
ella, recuerdo que a diferencia del mío ella recordaba muchas más cosas de la
clase, cosas que yo había olvidado por completo.
Se repitió la misma actividad con el escrito de otra chica,
solo que a diferencia de Sofía, ella si se ofreció. Al finalizar la lectura, el
profesor hizo una retroalimentación sobre las dos bitácoras, resaltando la importancia
de los detalles y de la cultura del registro, es decir, lo útil de llevar un
informe sesión a sesión para la eficiencia del trabajo. Así mismo, usó de
ejemplo los trabajos de las dos compañeras para explicar los diferentes niveles
de escritura, siendo lo Literal el nivel base, donde se describen los hechos
tal cual han sucedido, como por en el caso de Sofía; y lo Crítico Intertextual
el nivel más alto, donde se integran los hechos sucedidos con cualquier
experiencia o conocimiento previo, como fue el caso de la otra chica.
El maestro nos compartió una frase de Sir Francis Bacon para
que debatiéramos y compartiéramos algunas opiniones sobre aquello a lo que el
autor se pudo haber estado refiriendo; la frase decía “La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil, y el
escribir, preciso”. La idea con esta oración era que nosotros como
comunicadores entendiéramos que el lenguaje es nuestra herramienta de trabajo,
y no basta únicamente con tener una buena escritura o una buena oratoria, un
comunicador debe leer, debe estar informado y sobre todo debe aprender a usar
toda esa información que ha adquirido para generar nuevo conocimiento.
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